el pontífice.


MAESTRE: Es verdad.


Y por las señales santas


que a los dos cruzan el pecho,


que os lo pago en estimaros


y como a mi padre honraros.


COMENDADOR: De vos estoy satisfecho.


MAESTRE: ¿Qué hay de guerra por allá?


COMENDADOR: Estad atento, y sabréis


la obligación que tenéis.


MAESTRE: Decid que ya lo estoy, ya.


COMENDADOR: Gran maestre, don Rodrigo


Téllez Girón, que a tan alto


lugar os trajo el valor


de aquel vuestro padre claro,


que, de ocho años, en vos


renunció su maestrazgo,


que después por más seguro


juraron y confirmaron


reyes y comendadores,


dando el pontífice santo


Pío segunda sus bulas


y después las suyas Paulo


para que don Juan Pacheco,


gran maestre de Santiago,


fuese vuestro coadjutor:


ya que es muerto, y que os han dado


el gobierno sólo a vos,


aunque de tan pocos años,


advertid que es honra vuestra


seguir en aqueste caso


la parte de vuestros deudos;


porque, muerto Enrique cuarto,


quieren que al rey don Alonso


de Portugal, que ha heredado,


por su mujer, a Castilla,


obedezcan sus vasallos;


que aunque pretende lo mismo


por Isabel don Fernando,


gran príncipe de Aragón,


no con derecho tan claro


a vuestros deudos, que, en fin,


no presumen que hay engaño


en la sucesión de Juana,


a quien vuestro primo hermano


tiene agora en su poder.


Y así, vengo a aconsejaros



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