al que es cortés, lisonjero;


hipócrita al limosnero;


y pretendiente al cristiano.


Al justo mérito, dicha;


a la verdad, imprudencia;


cobardía a la paciencia;


y culpa a lo que es desdicha.


Necia a la mujer honesta;


mal hecha a la hermosa y casta;


y a la honrada… Pero basta;


que esto basta por respuesta.


MENGO: Digo que eres el dimuño.


LAURENCIA: ¡Soncas que lo dice mal!


MENGO: Apostaré que la sal


la echó el cura con el puño.


LAURENCIA: ¿Qué contienda os ha traído,


si no es que mal lo entendí?


FRONDOSO: Oye, por tu vida.


LAURENCIA: Di.


FRONDOSO: Préstame, Laurencia, oído.


LAURENCIA: Como prestado, y aun dado,


desde agora os doy el mío.


FRONDOSO: En tu discreción confío.


LAURENCIA: ¿Qué es lo que habéis apostado?


FRONDOSO: Yo y Barrildo contra Mengo.


LAURENCIA: ¿Qué dice Mengo?


BARRILDO: Una cosa


que, siendo cierta y forzosa,


la niega.


MENGO: A negarla vengo,


porque yo sé que es verdad.


LAURENCIA: ¿Qué dice?


BARRILDO: Que no hay amor.


LAURENCIA: Generalmente, es rigor.


BARRILDO: Es rigor y es necedad.


Sin amor, no se pudiera


ni aun el mundo conservar.


MENGO: Yo no sé filosofar;


leer, ¡ojalá supiera!


Pero si los elementos


en discordia eterna viven,


y de los mismos reciben


nuestros cuerpos alimentos,


cólera y melancolía,


flema y sangre, claro está.


BARRILDO: El mundo de acá y de allá,



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