– Vale -murmuró.

Ella seguía respirando con dificultad.

– ¿Cómo que vale?

Cash no sabía qué decir. Solo se le había ocurrido eso.

– Vale -repitió, con voz ronca-. Vamos a hacer que esto funcione. Escalar es una cuestión de confianza, así que confía en mí. Te juro que no va a pasarte nada. Deja que te lo pruebe.

– Sí, Cash.

Quizá debería haberla besado antes, pensó.

Lexie parecía haber perdido el miedo y no puso más objeciones. Ni siquiera los hombres de la Edad Media conseguían una obediencia tan ciega de sus mujeres.

Solo que Cash estaba tan agitado que tenía suerte de no chocarse con los árboles mientras volvían al refugio.

Capítulo 4

Considerando que le dolían todos los músculos del cuerpo, Lexie esperaba dormir como un tronco.

Pero a las doce seguía dando vueltas en la cama. En lugar de contar ovejas, estaba contando besos, los besos de Cash.

Le pareció escuchar un ruido al otro lado de la puerta, pero como no se repitió, pensó que lo habría imaginado. Mientras miraba las sombras en el techo, se preguntaba cómo había terminado en los brazos de Cash McKay.

Le había dicho que tenía miedo de las alturas y, sin embargo, había conseguido escalar casi dos metros.

Y sabía cómo había ocurrido. Cash la había besado. Pero no habían sido besos normales. Lexie nunca se había visto disparada a las alturas solo por un beso.

Cash era adorable, pero esa no era razón para deshacerse entre sus brazos como una colegiala.

Y ella se había enamorado nada más verlo, pero tampoco esa era motivación suficiente. Él era un hombre encantador, muy cariñoso con su hijo y amable con todo el mundo. Naturalmente, se había enamorado de él. De la misma forma que amaba los bollos de chocolate.

Pero eso no significaba que se volviera completamente loca cuando veía uno. Era horrible. Incluso se habría desnudado allí mismo si él se lo hubiera pedido. Incluso habría hecho el amor con él. En medio del campo. Con todo aquel aire puro sofocándola.



22 из 85