"Cincuenta años -murmuró Leibovitz. Hizo una pausa como si hubiera perdido el hilo de sus pensamientos. -A usted le parecerá una eternidad, pero trate de visualizar la época. Enero de 1944, pleno invierno. El mundo entero, incluso los alemanes, sabía que los Aliados invadirían Europa en la primavera. La única duda era dónde darían el golpe. Eisenhower era el nuevo comandante en jefe del operativo Overlord. Churchill…

– Perdone, rabino -interrumpí-. Con todo respeto, ¿no se detiene demasiado en los detalles?

Sonrió con la paciencia de quien está habituado a tratar con niños inquietos.

– ¿Tiene que salir?

– No, pero me interesa mi abuelo, no Churchill ni Eisenhower.

– Mark, si le cuento el final de la historia, usted no me creerá. En serio. Usted no podrá asumir el desenlace sin conocer los hechos que llevaron a él. ¿Comprende?

Asentí, tratando de ocultar mi impaciencia.

– No -señaló Leibovitz con energía-. No comprende. Las peores cosas que haya visto en su vida, y hablo de abuso de menores, violación, asesinato… todo eso es nada comparado con lo que voy a contarle. Es un relato sobre crueldades que superan la imaginación, sobre hombres y mujeres de un heroísmo sin igual. -Alzó su dedo torcido y su voz se redujo a un susurro:

– Después de escuchar esta historia, su vida cambiará para siempre.

– Es un prólogo impresionante, rabino.

Bebió un buen trago de coñac.



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