«Uf —pensé—. Eso tiene que dpler.»

Todos los que veían sufrir a la cosa mutilada esperaban que se auto-disolviera. Pero el golem se enderezó, tembló, y volvió cojeando al trabajo. Hace un siglo, eso habría parecido bastante heroico. Pero todos sabemos qué tipo de personalidad contratan las autoridades hoy en día. La poli real probablemente cargaría los recuerdos de este ídem… y disfrutaría.

Mi teléfono sonó, un ritmo de alta pri, así que Nell quería que respondiera. Tres golpecitos en mi canino superior derecho le indicaron que sí. Una cara se hinchó para llenar la visión de mi ojo izquierdo. Una mujer de rasgos marrón claro y pelo dorado reconocibles en todo el continente.

—Señor Morris, estoy recibiendo informes de una redada en el idemburgo… y veo que la AST ha registrado un permiso de intervención. ¿Es cosa de usted? ¿Ha encontrado mi propiedad robada?

¿Informes?

Alcé la cabeza y vi varias flotacams gravitando sobre la zona de batalla, con los logotipos de las redes olisqueadoras. Desde luego, los buitres no tardaron mucho.

Contuve un comentario cáustico. Tienes que contestar a un cliente, incluso cuando está interfiriendo.

—Mm… todavía no, Maestra. Puede que los hayamos pillado por sorpresa, pero…

Blane me agarró el brazo. Presté atención.

No más explosiones. Los disparos restantes eran apagados, pues procedían de las profundidades del edificio.

Alcé la cabeza, todavía tenso. La poli acorazada pasó ante nosotros, acompañada por sus duplicados azules desnudos.

—¿Señor Morris? ¿Estaba usted diciendo algo? —el hermoso rostro fruncía el ceño dentro de mi ojo izquierdo, y parpadear no proporcionaba ningún alivio—. Espero ser informada…



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