Un escuadrón de limpiadores llegó a continuación, modelos a vetas verde y rosa, con escobas y liquivacs para despejar la zona antes de que la hora punta trajera a los trabajadores de la mañana. Desechables o no, los id-limpiadores no entrarían en un sitio donde hubiera pelea.

— ¡Señor Morris!

—Lo siento, Maestra —respondí—. No puedo hablar ahora. La llamaré cuando sepa más.


Antes de que ella pudiera poner pegas, mordí con un molar y acabé con la llamada. Mi ojo izquierdo se despejó.

— ¿Bien? —le pregunté a Blane.

Su visor se llenó de colores que yo podría haber interpretado de haber estado en forma de ciberid. Como mero orgánico, esperé. —Estamos dentro.

— ¿Y el molde?

Blane sonrió.

¡Lo tenemos! La están sacando.

Mis esperanzas aumentaron por primera vez. Crucé agachado la acera para recoger el sombrero y coloqué su armadura elástica sobre mi cabeza. De todas formas, a Clara no le haría gracia que lo perdiera.

Dejamos atrás los limpiadores y subimos los veinte escalones has-ta la entrada principal. Cuerpos rotos y trozos de pseudocarne se fundían en una bruma multicolor; el campo de batalla daba una extraña sensación de irrealidad. Pronto los muertos habrían desaparecido y quedarían sólo unas cuantas paredes marcadas de balazos y unas ventanas que sanarían rápidamente. Y astillas de una puerta enorme que los púrpuras redujeron a pedazos cuando irrumpieron en el interior.

Los notibots nos asaltaron, acosándonos a preguntas. La publicidad puede ser valiosa en mi trabajo, pero sólo si hay buenas noticias de las que informar. Así que mantuve la boca cerrada hasta que un par de brutos de Blane de la AST salieron del sótano, sujetando a una figura mucho más pequeña entre ambos.

El resbaladizo fluido conservador goteaba de la carne desnuda que brillaba como nieve resplandeciente, completamente blanca excepto donde las magulladuras lívidas marcaban la cabeza afeitada. Sin embargo, aunque estaba calva, magullada y teñida a lo ídem, el rostro y la figura eran inconfundibles. Yo acababa de hablar con el original. La Princesa de Hielo. La maestra de Estudio Neo: Gineen Wammaker.



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