El sidcuestro y la violación de copyright son agravios civiles desde la Gran Desregulación. Sería una cuestión puramente comercial mientras Beta evitara cuidadosamente dañar a ninguna persona real. Lo cual convertía su conducta de la noche anterior en algo bastante sorprendente. Perseguir a mi verde por la plaza Odeón, disparar piedras con hondas y estar a punto de alcanzar a varios archis mientras paseaban… indicaba algo parecido a la desesperación.

En el exterior, caminé entre un puñado de tipos que iban y venían. Todos eran ídems, así que un archi como yo tenía derecho de paso. Me marché, sumido en mis pensamientos, mientras los cuerpogolems todavía se derretían emitiendo humos desagradables.

«Beta parecía inquieto anoche. ¡Me ha capturado antes, sin interrogarme jamás tan ferozmente! Normalmente me mata y nada más, sin malicia ni resquemor. Al menos que yo sepa.»

La misma desazón que impulsó a los amarillos de Beta a torturar a mi verde anoche también los volvió descuidados. Poco después de golpearme, se marcharon todos, dejándome atado en la fábrica del sótano entre dos autohornos que producían a toda máquina copias baratas de Wammaker, imprimiendo sus personalidades especializadas a partir de aquella pequeña marfil que habían sidcuestrado. ¡Descuidadamente, los amarillos nunca se molestaron siquiera en comprobar qué herramientas podía yo llevar en mi pseudocarne! Escapar resultó mucho más fácil que entrar en aquel sitio (¿demasiado fácil?), aunque Beta se recuperó pronto y me persiguió.

Ahora había vuelto y había vencido, ¿no? Acabar con aquella operación debía de haber sido un auténtico golpe a la empresa pirata de Beta. ¿Entonces por qué me sentía tan incompleto?

Mientras me alejaba del ruido del tráfico (una tortuosa cacofonía de cláxones de buses y dinos rugiendo), me encontré ante un callejón marcado con lazos de cinta aleteante, especialmente sintonizada para irritar a cualquier ojo humano natural.



28 из 574