
– Hay treinta y una botella -.declaró Porta, triunfalmente.
– ¿Cuándo empezaremos a beber? -preguntó Hermanito.
El legionario le miró con recelo:
– Intenta tan sólo meter la nariz y te las verás conmigo. Compris, petit ami?
– Aguafiestas -refunfuñó Hermanito.
El silbato del teniente Ohlsen resonó en la oscuridad.
– ¡5.ª Compañía, preparada para la marcha! En columna, en el camino. Pero aprisa, señores.
El Oberfeldwebel Huhn se nos acercó.
– ¿No lo habéis oído, cretinos? El jefe de Compañía ha dado la orden de marcha.
– El único cretino que hay aquí eres tú -siseó el legionario.
Huhn empezó a despotricar.
En aquel momento, ocurrió algo que sorprendió a todo el mundo. El Viejo se acercó al Oberfeldwebel Huhn hasta que sus cascos casi se tocaron.
– Oberfeldwebel Huhn -empezó a decir con voz tranquila, pero cargada de amenazas-, he de decirte algo. Soy el jefe de esta sección, y si alguna vez te diriges a uno de mis hombres, te pondré en tu lugar. No soy más de un feldwebel del frente, y no conozco la vida de guarnición; pero veo que tú no conoces la vida del frente. No me gusta emplear la violencia, pero si te metes en mis asuntos dejaré las manos libres a mis hombres para que hagan lo que se les antoje contigo.
Porta se echó a reír.
– ¡Bien dicho! Pero, ¿de qué sirve tener tantos miramientos con un imbécil?
Huhn se disponía a poner el grito en el cielo, pero una mirada de el Viejo le detuvo. Cuando se disponía a dar media vuelta, no pudo contenerse, y exclamó:
– Os creéis muy listos, ¿eh? Pues esperad, y veréis.
Tras lo cual, se acercó al teniente Spät, a quien empezó a quejarse en voz alta. El teniente Spät se marchó tranquilamente, dejándole con la palabra en la boca.
