
Myron y Win estaban sentados en uno de los palcos de lujo reservados a la gente famosa y a los allegados de cada jugador. En la mayoría de los partidos se llenaban todos los asientos del palco. La tarde anterior, en el partido de Agassi, el palco estaba hasta los topes de familiares, amigos, pelotilleros, chicas jóvenes, estrellas de cine defensoras del medio ambiente, mechones de pelo implantados… como si se tratara de una fiesta privada de Aerosmith. No obstante, Duane sólo tenía tres personas en el palco: Myron, su agente; Win, su asesor financiero y Henry Hobman, su entrenador. Wanda, el gran amor de Duane, se había puesto demasiado nerviosa y había preferido quedarse en casa.
– John Astin -contestó Win.
Myron asintió en silencio.
– ¿Y Shelley Winters?
– Ma Parker.
– Milton Berle.
– Louie el Lila.
– Liberace.
– Chandell.
– ¿Y?
– ¿Y qué? -preguntó Win confundido.
– ¿A qué otro malo interpretó Liberace?
– ¿Pero qué estás diciendo? Liberace sólo salió en un episodio.
– ¿Estás seguro? -dijo Myron recostándose en el asiento y esbozando una sonrisa.
En el asiento situado junto a la silla del juez, Duane acababa de beberse tranquilamente y de un trago una botella entera de Evian sosteniéndola de modo que las cámaras de televisión enfocaran el nombre del patrocinador. Qué chico más listo. Sabía cómo dejarlo contento. No hacía mucho, Myron le había conseguido un contrato muy sencillo con el magnate de Evian, el agua mineral, que lo comprometía a beber en botellas claramente etiquetadas durante el US Open. Y a cambio, recibía diez mil dólares. Eso respecto al agua, porque Myron también estaba negociando un contrato de refrescos con Pepsi y otro de bebidas isotónicas con Gatorade.
Ah, el mundo del tenis…
– Liberace sólo salió en un episodio -afirmó Win.
– ¿Es tu respuesta definitiva?
