
– Sí. Liberace sólo salió en un episodio.
Henry Hobman seguía escudriñando la pista, la inspeccionaba con la máxima concentración y la recorría con la vista de arriba abajo. Qué pena que en ese momento no hubiera nadie jugando.
– Henry, ¿juegas a adivinarlo? -propuso Myron.
Henry no les hizo caso. Como de costumbre.
– Liberace sólo apareció en un episodio -repitió Win dándose humos.
Myron hizo un ruido parecido al zumbido que se oye en los concursos cuando el participante da la respuesta equivocada.
– Pues lo siento mucho -dijo-, pero la respuesta no es correcta. ¿Qué es lo que tenemos para nuestro concursante? Pues bien, Windsor se lleva a su casa un juego de nuestro concurso, el abrillantador Turtle Wax para todo un año. ¡Y, por supuesto, nuestro más sincero agradecimiento por haber jugado con nosotros!
– Liberace sólo salió en un episodio -comentó Win impasible.
– ¿Es un nuevo mantra tuyo?
– Hasta que me demuestres lo contrario.
Win, cuyo nombre completo era Windsor Horne Lockwood III, juntó las yemas de los dedos de sus cuidadas manos. Poner las manos de aquella manera era algo que solía hacer mucho y, por cierto, le sentaba a la perfección. Tenía el mismo aspecto que se desprendía de su nombre completo, es decir, el del típico blanco anglosajón protestante de clase adinerada por excelencia. Toda su actitud apestaba a arrogancia, elitismo, páginas dedicadas a fiestas de la alta sociedad de revistas de belleza como Town and Country, debutantes que usan jerséis con iniciales bordadas y alhajas con nombres grabados tan ridículos como Babs, dry-martinis en el bar del club privado y montones de dinero de papá… Pelo rubio y fino, cara de patricio y niño bien, cutis blanco y acento de Exeter muy afectado. Y sin embargo, en el caso de Win algún tipo de anomalía genética se había impuesto a generaciones enteras de cuidadosos aparejamientos porque, en determinados aspectos, era exactamente lo que parecía, pero en muchos otros, algunos incluso terroríficos, era todo lo contrario.
