– Estoy esperando -dijo Win.

– Te acuerdas de que Liberace hizo de Chandell, ¿no? -preguntó Myron.

– Por supuesto.

– Pues te has olvidado de que, en el mismo episodio, Liberace también hizo de Harry, el hermano gemelo de Chandell.

– No puedes estar hablando en serio -dijo Win haciendo una mueca de reproche.

– ¿Cómo?

– Que los hermanos gemelos maléficos no cuentan.

– ¿En qué parte del reglamento dice eso?

Win cerró la mandíbula de aquella manera tan suya.

Había demasiada humedad en el ambiente para usar ropa interior, sobre todo en el estadio de Flushing Meadows, por donde no corría ni pizca de aire. El estadio, que curiosamente llevaba el nombre de Louis Amstrong, era como una valla publicitaria inmensa que por casualidad tuviera una pista de tenis en el centro. IBM tenía una valla sobre el velocímetro que marcaba la rapidez del saque de cada jugador. Citizen informaba tanto de la hora real como de la duración del partido. Visa tenía el nombre impreso tras la línea de servicio. Reebok, Infiniti, Fujifilm y Clairol aparecían allí donde hubiera un espacio libre. Y lo mismo podía decirse de Heineken, la cerveza oficial del Open de Estados Unidos.

El público era una amalgama total de clases sociales. Abajo, en los buenos asientos, se veía a la gente con dinero. Pero respecto a la ropa había de todo. Desde gente vestida con traje y corbata (como Win) hasta gente con ropa más informal al estilo república bananera (como Myron); había gente con téjanos y gente con bermudas, aunque los preferidos de Myron eran los que iban vestidos con el equipo completo de tenis: polo, bermudas, calcetines, zapatillas de tenis, sudaderas, muñequeras y raqueta de tenis. Sí, sí, raqueta de tenis. Como si alguien fuera a invitarlos a jugar. Como si de repente Sampras, Steffi o cualquier otro jugador fuera a señalar a las gradas y decir: «Eh, tú, el de la raqueta, necesito un compañero para jugar dobles».



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