
La forma de la vía se cambió, pero se conservó el nombre primitivo.
El sharex se acercaba. Ahora lo oía no sólo Guianeya. Parecía como si zumbara una gruesa cuerda muy tensa, en un lugar, todavía tras el horizonte, pero ya cerca.
— ¿No nos lanzará de aquí? — preguntó con temor uno que estaba junto a Marina.
— ¡Qué dice usted! — respondió otro —. Estamos a treinta metros de la vía.
El conductor automático del vechebús se hizo de nuevo oir como si hubiera escuchado esta conversación.
— Se recomienda no estar de pie sino sentados en la tierra — dijo clara y pausadamente.
Todos se apresuraron a cumplir este consejo. Pero después de haber escuchado la traducción Guianeya permaneció de pie. Marina que estaba sentada se levantó apresuradamente. No podía permitir que la huésped confiada a su tutela pudiera caer debido a su falta de preocupación y, a lo mejor, recibiera una pequeña lesión. Poniéndose al lado de Guianeya sujetó a la muchacha fuertemente por los hombros.
Guianeya se sonrió y a su vez abrazó el talle de Marina.
«Ahora no caeremos», pensó Marina, sintiendo en todo el cuerpo el seguro apoyo de esta mano fina, delicada en apariencia, pero tan fuerte.
Quería sostener a Guianeya, pero resultó que ésta la sostenía a ella.
«Suceda lo que suceda ahora no caeremos aunque pasen velozmente dos sharex», dijo una vez más para sí.
— ¿Esta vía la ha construido su hermano? — preguntó inesperadamente Guianeya.
Marina se estremeció. ¡Esto ya es demasiado! Nunca había mencionado a su hermano en las conversaciones, cumpliendo el ruego de Víktor. No quería que la huésped supiera su parentesco. Guianeya conocía muy bien a Víktor sin sospechar que éste es hermano de Marina. ¿Quién se lo podía haber dicho? ¿De dónde sabía que precisamente Víktor había propuesto la idea de la construcción de esta vía?
