Bobby Tom, con el cigarro en la boca y el botellín de cerveza en una mano, metió la otra en el bolsillo del albornoz y la miró con preocupación.

– ¿Estás segura de que estás preparada, Julie, cariño? Sabes que sólo tienes dos oportunidades y fallaste la pregunta sobre la carrera de Eric Dickerson y su record de cien yardas la última vez.

– Estoy segura. He estudiado muchísimo.

Julie tenía el mismo aspecto que si estuviera posando en bañador para la portada de Sports Illustrated. Cuando salió del agua, su cabello rubio y mojado caía en pálidos mechones sobre sus hombros. Se sentó en el borde del jacuzzi, mostrando un traje de baño formado por tres diminutos triángulos turquesa bordeados en amarillo brillante. Gracie sabía que muchas de sus amistades desaprobarían un bañador tan revelador, pero como fiel creyente de que cada mujer debía resaltar sus atractivos, Gracie pensó que estaba maravillosa.

Alguien bajó el volumen de la música. Bobby Tom estaba sentado sobre una de las grandes rocas redondeadas y apoyó una de sus botas vaqueras de piel de serpiente sobre la otra rodilla desnuda.

– Ven aquí y te daré un beso de buena suerte. Y no me decepciones esta vez. He puesto mi corazón en que tú serás la señora de Bobby Tom.

Mientras Julie cumplía con su petición, Gracie contempló inquisitivamente a Bruno.

– ¿Les hace un examen sobre fútbol?

– Por supuesto. El fútbol es la vida de Bobby Tom. No cree en el divorcio, y sabe que no podría ser feliz con una mujer que no entendiera el juego.

Mientras Gracie intentaba asimilar esa información, Julie besaba a Bobby Tom, que luego palmeó su trasero mojado enviándola de regreso a su sitio en el borde del jacuzzi. Los invitados se habían arremolinado cerca de la plataforma para observar el espectáculo. Gracie aprovechó que Bruno también miraba el intercambio para subir uno de los escalones que había a sus espaldas para no perderse nada.



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