
– Tal vez sea gay -sugirió ella, sólo para hacerle pensar.
Las frondosas cejas de Bruno se elevaron rápidamente y empezó a hablar como si se estuviera ahogando.
– ¡Gay! ¿Bobby Tom Denton? Joder, tiene más muescas en su haber que un cazador de la frontera. Jesús, que no te oiga decir eso. Si lo hiciera probablemente…, bueno, no quiero ni imaginarme lo que haría.
Gracie siempre había creído que cualquier hombre completamente heterosexual no debería sentirse amenazado por la homosexualidad, pero ya que no era precisamente una experta en comportamiento masculino, pensó que quizás se estaba perdiendo algo.
Julie contestó una pregunta sobre alguien llamado Walter Payton y otra sobre los Steelers de Pittsburgh. Bobby Tom se levantó de su silla y comenzó a pasearse por el borde trasero de la plataforma, como si estuviera pensando profundamente, cosa que Gracie no se creyó ni por un momento.
– Bien, querida, ahora concéntrate. Esta es la pregunta que te puede echar del pasillo central de la iglesia; ya estoy viendo los preciosos bebés que tendríamos. No había sentido tanta presión desde mi primera SuperBowl. ¿Estás concentrada?
Las arrugas inundaban la perfecta frente de Julie.
– Concentradísima.
– De acuerdo, cariño, ahora no me decepciones. -Llevó la cerveza a sus labios, la vació, y colocó sobre el suelo la botella-. Todo el mundo sabe que entre los postes de la portería tienen que haber cinco metros y 16 centímetros. La altura máxima del larguero…
– ¡Tres metros desde el suelo! -gritó Julie.
– Ay, cariño, te respeto demasiado para insultar tu inteligencia con una pregunta tan fácil. Espera hasta que termine, o prefieres que te haga una pregunta sobre penaltis.
Ella lo miró tan afligida que Gracie la compadeció.
Bobby Tom cruzó los brazos sobre el pecho.
