
– La altura máxima del larguero es tres metros desde el suelo. Los postes verticales tienen que sobresalir al menos nueve metros quince centímetros por encima del larguero. Esta es tu pregunta, cariño, y antes de que contestes, recuerda que tienes mi corazón en tus manos. -Gracie esperó impacientemente-. Para que tengas la oportunidad de ser la Sra. de Bobby Tom Denton, dime las dimensiones exactas del listón de la parte superior de cada uno de los postes verticales.
Julie se levantó rápidamente del borde del jacuzzi.
– ¡Lo sé, Bobby Tom! ¡Lo sé!
Bobby Tom rompió el silencio.
– ¿En serio?
Una suave risita nerviosa se escapó de los labios de Gracie. Le estaría bien que Julie contestase a la pregunta.
– ¡Un metro cincuenta y dos centímetros por diez centímetros!
Bobby Tom se apretó el pecho.
– ¡Ay, mi amor! Acabas de arrancarme el corazón y estamparlo contra el suelo.
La cara de Julie se arrugó.
– Es un metro veintidós centímetros. Un metro veintidós centímetros, cariño. Estuvimos a sólo treinta centímetros de la dicha conyugal eterna. No puedo recordar la última vez que me sentí tan deprimido.
Gracie lo observó tomar a Julie entre sus brazos y besarla a fondo. Ese hombre podía ser la representación más patente del machismo de Estados Unidos, pero no tenía más remedio que admirar su audacia. Observó con fascinación como su mano bronceada y excepcionalmente fuerte se cerraba sobre la parte del trasero de Julie que quedaba al aire. Los músculos del suyo propio se pusieron inconscientemente tensos en respuesta.
Los invitados comenzaron a moverse y algunos de los hombres subieron a la plataforma para ofrecer sus condolencias a la bella perdedora.
– Vamos. -Bruno tomó el brazo de Gracie, y antes de que ella lo pudiera detener, la había arrastrado hacia delante.
Jadeó alarmada. Lo que había empezado como un simple malentendido había comenzado a írsele de las manos y precipitadamente se volvió hacia él.
