
– Ajá. ¿Quieres un vaso de champán o una Coca-Cola o algo por el estilo? -El teléfono comenzó a sonar, pero él lo ignoró.
– No, gracias. Se suponía que estaría en Texas hace cuatro días para empezar el rodaje de Luna sangrienta, y…
– ¿Y qué tal una cerveza? Ya he advertido que las mujeres beben bastante más cerveza de lo que pensamos.
– No bebo.
– ¿De verdad?
Estaba sonando pedante y seria, quizá no era la mejor manera de tratar con un hombre salvaje, e intentó otra táctica.
– No bebo, Sr. Denton, pero no tengo nada contra la gente que bebe alcohol.
– Soy Bobby Tom, querida. No respondo a ningún otro nombre.
Sonaba como un simple vaquero recién llegado, pero después de observarle someter a Julie al examen de fútbol, sospechó que era más listo de lo que fingía ser.
– Muy bien. Bobby Tom, entonces. El contrato que firmaste con Windmill Studios…
– No pareces el tipo de persona de Hollywood, señorita Show. ¿Cuánto llevas trabajando en Windmill?
Ella hizo tiempo jugueteando con sus perlas. Otra vez el teléfono comenzó a sonar y otra vez él lo ignoró.
– Soy asistente de producción desde hace un tiempo.
– ¿Exactamente cuánto tiempo?
Ella se rindió a lo inevitable, pero lo hizo con dignidad. Levantando visiblemente la barbilla, dijo-: Más o menos un mes.
– Ya veo -él estaba claramente divertido.
– Soy muy competente. Estuve anteriormente en un trabajo similar, así que tengo vasta experiencia en temas de gestión y también en relaciones interpersonales. -Y también en hacer figuras de barro, pintar cerdos cerámicos y tocar las “chicas de oro” al piano.
Él silbó.
– Me dejas impresionado. ¿Dónde trabajabas?
– Yo… eh… en la Residencia de Ancianos Shady Acres.
– ¿Un asilo? No es así. ¿Trabajaste allí mucho tiempo?
