El estudio de Bobby Tom Denton era un santuario a la carrera futbolística de Bobby Tom Denton. Fotos mostrándolo en acción cubrían toda la superficie de las paredes de mármol gris. En algunas llevaba el uniforme de la Universidad de Texas, pero en la mayor parte de ellas llevaba el uniforme azul y dorado de los Chicago Stars. En varias de las fotos, estaba saltando, con los pies estirados y su delgado cuerpo curvado con gracia mientras arrancaba una pelota del aire. Había fotos en las que llevaba un casco azul adornado con tres estrellas doradas, caído bajo la línea de gol o en los entrenamientos, con un pie delante del otro tan graciosamente como un bailarín de ballet. También había una estantería donde se exhibían trofeos, elogios y títulos enmarcados.

Lo observó acomodarse con gracia perezosa en una silla ergonómica de cuero situada tras un escritorio de granito que parecía una caricatura de “los picapiedras”. Había un portátil gris y liso sobre la mesa junto a un teléfono de alta tecnología. Cogió una silla, fijándose en un grupo de fotografías de revistas enmarcadas, algunas eran del inicio de los partidos, besándose con una preciosa rubia. Gracie la reconoció por un artículo que había visto en People. Era Phoebe Somerville Calebow, la bella dueña de los Chicago Stars.

Sus ojos la recorrieron y arqueó una de las comisuras de su boca.

– No quiero herir tus sentimientos, cariño, pero soy un experto, así que no te lo tomes a mal, pero si lo que quieres es trabajar de noche, sería mejor que pensaras en buscar algo en un 7eleven que en ser stripper profesional.

Ella nunca había sido demasiado buena en miradas heladas, pero lo hizo lo mejor que pudo.

– Deliberadamente quiere avergonzarme.

Él se esmeró de la misma manera en parecer contrito.

– No le haría eso a una dama.

– Sr. Denton, como sospecho que sabe muy bien, estoy aquí en nombre de Windmill Studios. Willow Craig, la productora, me envió para…



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