
La puerta finalmente se abrió, sus pensamientos y ella se encontraron cara a cara con uno de los hombres más feos que había visto nunca: gigantesco, con grueso cuello y hombros desnudos y protuberantes. Lo miró con interés al tiempo que los ojos del hombre descendían rápidamente por su traje azul marino y su impoluta blusa blanca de poliéster hasta sus zapatos negros.
– ¿Sí?
Enderezó los hombros y alzó la barbilla una pizca.
– Estoy aquí para ver al Sr. Denton.
– Pues ya era hora. -Sin previo aviso, la agarró del brazo y tiró de ella hacia el interior-. ¿Trajiste música?
Ella se alarmó ante la pregunta, percibiendo sólo una vaga impresión del vestíbulo: suelo de caliza y un montón de aluminio en la escultura de la pared junto con un soporte de granito para un casco de samurai.
– ¿Música?
– Claro, le dije a Stella que se asegurara de que traías tu propia música. No importa. Guardo la cinta que se dejó la última chica que vino.
– ¿La cinta?
– Para Bobby Tom en el jacuzzi. Los chicos y yo queríamos darle una sorpresa. Espera aquí mientras lo preparo todo. Luego entraremos juntos.
Sin más, desapareció por una puerta corredera de shoji
La vieja Gracie Snow habría esperado pacientemente a que regresara para poder explicarle su misión, pero la nueva Gracie Show tenía ante sí la aventura que tan ardientemente deseaba y siguió el sonido de la áspera música a lo largo de un pasillo.
