Farran no estuvo nada contenta después de que Georgia se fue a trabajar. Al llegar las nueve y media se percató de que si no llamaba a las oficinas de Deverill Group, Georgia la llamaría para averiguar cómo le había ido.

Farran se armó de valor y, aunque tenía la sensación de que Georgia la forzó a hacerlo, llamó al número de la oficina.

– Un momento, por favor -dijo la recepcionista de Deverill Group cuando Farran pidió hablar con el señor Beauchamp. En ese momento, la mente de Farran quedó vacía.

Cuando el tono de llamar terminó se aferró al teléfono y oyó la voz serena de una mujer.

– Diana King.

– Ah… -Farran no logró pensar en nada que emitir más que ese sonido ridículo.

– Soy la secretaria del señor Beauchamp -la voz serena intentó obtener más información que sólo "Ah".

Un minuto después, luego de decirle que no podía hablar con Stallard Beauchamp, la secretaria anotó el número y nombre de Farran para que el señor Beauchamp le hablara cuando estuviera "disponible". Farran colgó el auricular. Una cosa estaba clara para la chica. Si Diana King estaba casada, entonces debió ser la señora King quien, siguiendo las órdenes de Stallard Beauchamp, se hizo cargo de todos los preparativos del funeral de la señorita Newbold.

¡Qué hombre tan descarado! ¡Haberle ordenado a su secretaria hacer algo parecido! Quizá entonces ya sabía que sería el único beneficiario en el testamento de la tía Hetty, pero, ¿qué derecho le daba eso para hacerse cargo de un funeral, en vez de que fuera la propia familia la encargada del asunto?

Segundos después, Farran recobró su sentido de la justicia. Como ningún familiar de la tía Hetty estuvo a su lado en el último año, quizá él pensó que, al no mostrar interés en ella cuando vivía, tampoco lo mostrarían ahora que estaba muerta.



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