Cornelius estaba furioso. Lo que había hecho era maravillosamente adecuado: aquellas mujeres (Mary Vaughan y Qaiser Remtulla) se habían interpuesto en su camino. Habían conseguido sus puestos simplemente porque eran mujeres. Era él quien tenía un título de Oxford, por el amor de Dios, pero no había ascendido en el escalafón porque York «corregía históricos desequilibrios de género» en sus facultades. lo habían privado de eso, así que les demostraría (a la jefa de departamento, aquella zorra paquistaní; y a Vaughan, que tenía el puesto que a él le correspondía) lo que significaba realmente ser vapuleado.

«Maldición», pensó Cornelius, palpando una vez más entre sus piernas. Tenía el escroto hinchado … pero vacío.

Maldición.


Jock Krieger regresó a su despacho, situado en la planta baja de la mansión del Grupo Sinergía. Su enorme ventanal daba al paseo marítimo, al sur, en vez de al norte, al lago Ontario: la mansión se hallaba en la franja de tierra que va de este a oeste en Rochester, Seabreeze.

La especialidad de Jock era la teoría de juegos; había estudiado con John Nash en Princeton, y había pasado tres décadas en la Corporación RA ND, el lugar perfecto para él. Fundada por las Fuerzas Aéreas, fue el principal núcleo de pensamiento estadounidense durante la Guerra Fría. Allí se llevaron a cabo los estudios sobre el conflicto nuclear. Incluso en la actualidad, cuando Jock leía las iniciales M.M. pensaba en megamuerte, un millón de bajas civiles, en vez de en un nombre propio.

El Pentágono estaba furioso por la manera en que se había llevado el encuentro inicial con Neanderthal Prima, el primer neanderthal llegado a esta realidad desde la otra. La historia de un cavernícola moderno que aparecía de buenas a primeras en una mina de níquel en el norte de Ontario parecía material de revista sensacionalista, similar a los encuentros con extraterrestres, avistamientos de yetis y ese tipo de cosas. Para cuando en el Gobierno estadounidense (o en el canadiense) se tomaron el asunto en serio, Neanderthal Prima ya era intocable y del dominio público, lo que hizo imposible contener y controlar la situación.



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