Después de aquello, el lugar comenzó a despejarse. Todo el mundo se fue: la prensa, la policía, los curiosos… Bosch pasó de nuevo por debajo de la cinta amarilla y se dispuso a buscar a Donovan o Sheehan. En ese momento Irving vino hacia él.

– Detective, ahora que lo pienso, sí que hay algo que puede hacer para acelerar los trámites. El detective Sheehan tiene que quedarse aquí a recoger, pero yo preferiría adelantarme a la prensa con la mujer de Moore. ¿Podría usted encargarse del trámite de notificación al familiar más cercano? Por supuesto, aún no hay nada seguro, pero quiero que su mujer esté al corriente de lo que está pasando.

Bosch se había indignado tanto antes que no podía negarse. ¿Acaso no había querido parte del caso? Pues la tenía.

– Déme la dirección -contestó.

Unos minutos más tarde, Irving se había marchado y los agentes de uniforme estaban retirando la cinta amarilla. Finalmente Bosch localizó a Donovan, que se dirigía a su furgón con la escopeta en un envoltorio de plástico y varias bolsitas llenas de pruebas. Harry se apoyó en el parachoques del furgón para atarse el zapato, mientras Donovan guardaba las bolsas de pruebas en una caja de vino del valle de Napa.

– ¿Qué quieres, Harry? Me han dicho que no estabas autorizado a entrar.

– Eso era antes. Ahora acaban de ponerme en el caso. Tengo que notificar al familiar más cercano.

– Felicidades.

– Bueno, algo es algo -contestó Bosch-. Oye, ¿qué decía?

– ¿El qué?

– La nota.

– Mira, Harry, ya sabes que…

– Mira, Donnie, Irving me ha encargado que notificara al familiar más cercano. Yo creo que eso significa que estoy en el caso. Sólo quiero saber qué escribió Moore. -Bosch cambió de táctica-. Era amigo mío, ¿de acuerdo? No se lo voy a decir a nadie.

Soltando un gran suspiro, Donovan metió la mano en la caja y comenzó a rebuscar por entre las bolsas de pruebas.



20 из 336