Todos aquellos factores se habían sumado, dando como resultado una fuerte depresión navideña. En cuanto Bosch oyó que se había iniciado la búsqueda de Cal Moore, lo vio muy claro: el sargento había muerto.

Eso mismo pensó todo el mundo en el departamento, aunque nadie lo dijo en voz alta, ni siquiera los medios de comunicación. En un principio, la policía había intentado llevar el asunto en secreto: fueron a su piso en Los Feliz e hicieron discretas averiguaciones, dieron un par de vueltas en helicóptero sobre las montañas de Griffith Park… Pero entonces la noticia se filtró a un reportero de televisión y a partir de ese momento todos los canales y periódicos comenzaron a informar puntualmente de la búsqueda del sargento desaparecido. Después de colgar la fotografía de Moore en el tablón de anuncios de la sala de prensa del Parker Center, los mandamases del departamento realizaron los habituales llamamientos al público para encontrar al agente. Todo muy dramático -o cinematográfico-: se vieron imágenes de búsquedas a caballo y en helicóptero, así como del jefe de policía sosteniendo una foto de un hombre apuesto y moreno con semblante serio. Curiosamente, nadie mencionó que estaban buscando un cadáver.

Bosch se detuvo en un semáforo de Vine Street y observó a un hombre-anuncio que cruzaba la calle a grandes zancadas, dándose con las rodillas contra los tablones. El cartel era una fotografía de Marte en la que alguien había marcado una gran sección y bajo la que se leía, en letras grandes: ¡ARREPENTIOS! EL ROSTRO DEL SEÑOR NOS CONTEMPLA. Bosch recordó que había visto la misma foto en la portada de un periódico sensacionalista mientras esperaba en la cola de una tienda de comestibles. Sólo que esa vez el periódico atribuía la cara a Elvis Presley.

Cuando el semáforo se puso verde, Bosch continuó hacia Western Avenue y volvió a pensar en Moore.



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