Capítulo 2

Bosch condujo desde su casa a Hollywood, bajando por calles en su mayoría desiertas hasta llegar al Boulevard. Allí se reunían los vagabundos y jóvenes fugados de casa y unas cuantas prostitutas hacían la calle (una de ellas incluso llevaba un gorro de Papá Noel). «El negocio es el negocio -pensó Bosch-. Incluso el día de Navidad». En las paradas del autobús había unas mujeres elegantemente maquilladas que en realidad no eran ni mujeres ni esperaban el autobús. El espumillón y las luces navideñas que decoraban Hollywood Boulevard le daban un toque surrealista a aquella calle tan sucia y sórdida. «Es como una puta con demasiado maquillaje», decidió. Si es que aquello era posible.

Pero no era el panorama lo que deprimía a Bosch, sino Cal Moore. Bosch llevaba esperando este desenlace más de una semana, desde el momento en que se enteró de que Moore no se había presentado en la comisaría. Para la mayoría de policías de la División de Hollywood, la duda no era si Moore había muerto, sino cuántos días tardaría en aparecer el cadáver.

Moore había sido un sargento al mando de la unidad de narcóticos de la División de Hollywood. Trabajaba de noche, con una brigada dedicada exclusivamente a la zona del Boulevard. En la comisaría era bien sabido que Moore estaba separado de su mujer, a quien había sustituido por el whisky. Bosch pudo comprobar esto último durante el único encuentro que había tenido con el sargento. En aquella ocasión Harry también descubrió que lo atormentaban algo más que sus problemas matrimoniales y el estrés derivado de su trabajo. Moore había insinuado algo sobre una investigación de Asuntos Internos.



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