Edward había salido a pasear una tarde calurosa después de un día pasado en compañía de la gloria desaparecida, y cuando estaba parpadeando bajo el intenso sol había visto cómo el rostro del pasado pasaba junto a él, saludando afablemente a la gente con la cabeza.

Edward no había podido controlarse.

—¡Eh, tú! ¿Quién eres? —había dicho.

—Cabo Zanahoria, señor —había dicho el pasado—. Guardia Nocturna. Y usted es el señor De M’uerthe, ¿verdad? ¿ Puedo ayudarle en algo?

—¿Qué? ¡No! No. ¡Ocúpate de tus asuntos!

El pasado asintió y le sonrió y luego siguió su camino, dirigiéndose hacia el futuro.


Zanahoria dejó de mirar la pared.


He gastado tres dólares en una caja de iconografías que, es una cosa con un duendecillo en su interior que pinta imágenes de cosas, eso es algo que está haceindo Furor estos días. Dentro encontraréis imágenes de mi habitación y de mis amigos en la Guardia, Nobby es el que está haceindo el Gesto Humerístico pero es un Diamante en Bruto y una buena alma en el fondo.


Volvió a detenerse. Zanahoria escribía a casa al menos una vez a la semana. Los enanos generalmente lo hacían. Zanahoria medía dos metros de alto, pero al principio había crecido como un enano y luego todavía más como un humano. Las empresas literarias no eran algo que se le diera fácilmente, pero perseveraba.

«El tiempo —escribió, muy despacio y con mucho cuidado— continúa siendo Muy Caluroso…»


Edward no se lo podía creer. Comprobó los registros. Luego volvió a comprobarlos.



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