El delfín, obediente, se sumergió junto con el monstruo.

La extraña pareja describió un semicírculo bajo el agua y desapareció tras un arrecife…

El insólito espectáculo no duró más de un minuto, pero los espectadores tardaron en recuperarse del asombro.

Lo que se formó en cubierta fue una auténtica barahúnda, los pescadores gritaban, corrían con las manos a la cabeza. Los indios se hincaban de rodillas suplicando clemencia al Dios del mar. El joven mexicano subió, del susto, al palo de vela mayor y comenzó a gritar. Los negros bajaron a la bodega y se acurrucaron en un rincón.

Todo venía a indicar que la situación no era la más propicia para reanudar la faena. A Pedro y a Baltasar les costó un triunfo restablecer el orden. El «Medusa» levó anclas y puso proa hacia el Norte.

ZURITA SUFRE UN REVÉS

El capitán del «Medusa» bajó al camarote para reflexionar sobre lo sucedido.

— ¡Es para volverse loco! — profirió Zurita, mientras se refrescaba la cabeza con un jarro de agua tibia —. ¡El monstruo marino habla un castellano perfecto! ¿Qué significará esto? ¿Una brujería? ¿Una locura? Pero, no puede ser que se vea afectada simultáneamente de locura toda la marinería. Es imposible, incluso, que dos personas tengan el mismo sueño. Pero todos hemos visto al «demonio marino». Eso es incuestionable. Y por inverosímil que pueda parecer, existe. — Zurita volvió a refrescarse la cabeza con agua y la asomó por la portilla, exponiéndola a la brisa —. Sea como fuere — prosiguió algo más tranquilo —, ese monstruoso ser está dotado de razón y puede obrar con arreglo a la misma. Por lo visto, se siente tan bien bajo el agua, como en la superficie. Y, para colmo, habla castellano. Esto facilitará notablemente el entendimiento. Se le podría… quiero decir que se le podría cazar, domesticar y hacerle pescar ostras.



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