
Su sangre corrió deprisa. Alcanzó el muro y trató de subirse, pero la rama con la que se había ayudado al bajar se le resbaló de las manos. Intentó desesperadamente agarrarse a otra, el paquete se le cayó, pero ella pudo agarrarse. Justo cuando alcanzaba la cima, algo tiró con fuerza hacía abajo de sus pantalones. Se quedó un momento en el aire, y luego de golpe cayó de cara al suelo. Sintió el peso de una bota encima de su espalda.
– Bien, bien, ¿pero qué tenemos aquí?- dijo el propietario de la bota opresora.
La caída la había dejado un momento sin respiración, pero todavía reconoció esa voz profunda. El hombre que la tenía cautiva era su enemigo jurado, el Major Baron Nathaniel Cain.
Su rabia centelleó y lo vio todo rojo. Se apoyó con las manos en el suelo y luchó por levantarse, pero él no cedió.
– ¡Quite la bota de encima, sucio hijo de puta!
– No creo que sea el momento todavía -dijo él con calma.
– ¡Suélteme! ¡Suélteme ahora mismo!
– Eres bastante enclenque para ser un ladrón.
– ¡Ladrón! -ultrajada golpeó los puños contra el suelo-. Nunca he robado nada en mi vida. Si me vuelve a llamar eso, yo le llamaré maldito mentiroso.
– ¿Entonces qué estabas haciendo en mi cuadra?
Eso la contuvo. Rebuscó en su cerebro para decir una excusa que sonara convincente.
– Yo… he venido a mirar… a mirar… para buscar trabajo en su cuadra. No había nadie cuando llegué, y he debido dormirme.
Su pie no cedió.
– Cuando me he despertado, ya estaba oscuro. Entonces oí voces y me asusté que alguien me viera y pensara que estaba tratando de hacer daño a los caballos.
– Creo que alguien que busca trabajo, debería tener suficiente sentido común para llamar a la puerta principal.
Eso también le parecía a Kit.
– Es que sufro de timidez -dijo ella.
Él se rió entre dientes y levantó poco a poco el pie de su espalda.
– Voy a permitir que te levantes. Pero te arrepentirás si sales corriendo, chico.
