Feliz lectura.


Susan Elizabeth Phillips

Para mi marido Bill, con amor y respeto.


PRIMERA PARTE


El chico del establo

Cuándo la obligación susurra, debes, la juventud responde, puedo.

Ralph Waldo Emerson "Voluntaries III"


1

El viejo vendedor callejero lo captó inmediatamente, ya que el muchacho parecía fuera de lugar entre la muchedumbre de corredores de bolsa y banqueros bien vestidos que atestaban las calles del bajo Manhattan. Unos rizos negros sobresalían por debajo de un sombrero de fieltro abollado. Una camisa remendada desabotonada en el cuello, quizás en deferencia al calor de principios de julio, los hombros estrechos, frágiles, mientras unos tirantes de cuero sujetaban unos pantalones enormes y sucios.

El muchacho llevaba unas botas negras que parecían demasiado grandes para supequeño tamaño, y llevaba un bulto rectangular en su brazo. El vendedor callejero se apoyó contra su carretilla llena de bandejas de pasteles y observó al muchacho caminar entre el gentío, como si fuera a conquistar al enemigo. El anciano vio cosas en el muchacho que otros no veían y le llamó la atención.

– Eh, ragazzo. Tengo un pastel para tí. Dulce como el beso de un ángel. Vieni qui.

El chaval levantó la cabeza, y miró fijamente con ansia las bandejas de pasteles caseros que su esposa hacía todos los días, y el vendedor casi pudo oírle contar los peniques que guardaba en el bulto de manera tan protectora.

– Ven, ragazzo. Esto es un regalo para tí -sostenía una tartaleta de manzana grande-. El regalo de un anciano a un recién llegado aquí, a la ciudad más importante del mundo.

El muchacho metió desafiante el pulgar en la pretina de su pantalón y se acercó al carro.



2 из 307