
– Este señor Emerson. ¿Qué dice él que es tan especial?
Un trocito de manzana se quedó pegado a la punta de su mugriento dedo, y él lo chupó con la punta de su pequeña lengua rosada.
– Él habla del carácter y la independencia. ¿Es la independencia el atributo más importante que una persona puede tener, verdad?
– La fe en Dios. Eso es más importante.
– Ya no creo más en Dios, ni en Jesús. Creía, pero he visto demasiado dolor estos últimos años. He visto a los yanquis matar todos nuestros animales y quemar nuestros graneros. He visto como le pegaban un tiro a mi perro, Fergis. He visto a la señora Lewis Godfrey Forsythe perder a su marido y su hijo Henry el mismo día. Mis ojos se sienten viejos.
El vendedor callejero miró más atentamente al muchacho. Tenía una cara pequeña, en forma de corazón, y una nariz que se inclinaba un poquito al final. Parecía un pecado que fuera un chico, ya que pronto se embrutecerían esos rasgos tan delicados.
– ¿Cuántos años tienes, ragazzo? ¿Once? ¿Doce?
Una sombra de cautela pasó por los ojos que eran de un sorprendente violeta.
– Más mayor, supongo.
– ¿Y tus padres?
– Mi madre murió cuando nací. Mi padre murió en Shiloh hace tres años.
– ¿Y tú, ragazzo? ¿Por qué has venido a mi Nueva York?
El muchacho se metió el último pedazo de tartaleta a la boca, se colocó el bulto mejor debajo del brazo, y se levantó.
– Tengo que proteger lo que es mío. Muchas gracias por esta deliciosa tarta. Ha sido un verdadero placer conocerle -comenzó a alejarse, luego vaciló-. Y sabe qué… no soy un chico. Y mi nombre es Kit.
***
Mientras Kit caminaba por la ciudad hacía Washington Square según las direcciones que le había dado una mujer en el ferry, pensó que había sido una tontería decirle su nombre al anciano. Una persona que pensaba cometer un asesinato no debería dejar rastros. Excepto que eso no sería un asesinato. Eso sería justicia, aunque la corte de yanquis no lo viera así si la cogían. Ella haría todo lo posible para que nunca supieran que Katharine Louise Weston de la plantación Risen Glory, había abandonado Rutherford, Carolina del Sur, y había estado a tiro de escupitajo dentro de esta maldita ciudad.
