
De vez en cuando, alguien se congela, y como Luke es uno de los pocos médicos de la zona, ha visto a unos cuantos. Un borracho (y no escasean en Saint Andrew) se queda dormido apoyado en un banco de nieve y por la mañana se ha convertido en un polo humano. Un chico que patina en el río Allagash cae por un punto débil del hielo. A veces, el cuerpo se encuentra a mitad de camino de Canadá, en la confluencia del Allagash con el Saint John. Un cazador queda cegado por la nieve y no puede encontrar el camino de salida de los grandes bosques del norte: su cuerpo aparece sentado, con la espalda reclinada en un tronco y la escopeta apoyada inútilmente en su regazo.
«Esto no ha sido un accidente», le dijo disgustado el sheriff Joe Duchesne a Luke cuando llevaron el cuerpo del cazador al hospital. «El viejo Ollie Ostergaard quería morir. Esta ha sido su manera de suicidarse.» Pero Luke sospecha que si eso fuera verdad, Ostergaard se habría pegado un tiro en la cabeza. La hipotermia es una manera lenta de morir, y tienes tiempo de sobra para pensártelo mejor.
Luke estaciona con cuidado su camioneta en una plaza de aparcamiento libre en el Hospital del Condado de Aroostook, apaga el motor y se promete una vez más que se largará de Saint Andrew. Solo tiene que vender la granja de sus padres y después se marchará, aunque no sabe muy bien adónde. Luke suspira por costumbre, saca las llaves del contacto y se dirige a la entrada de la sala de urgencias.
– Luke -dice la enfermera de guardia, saludándolo con la cabeza. Luke entra quitándose los guantes. Cuelga su parka en la diminuta sala de los médicos y vuelve a la zona de recepción.
– Ha llamado Joe -le informa Judy-. Trae a un alborotador al que quiere que le eches un vistazo. Llegará en cualquier momento.
– ¿Un camionero?
Cuando hay problemas, siempre suele estar implicado uno de los conductores de las empresas madereras. Tienen fama de emborracharse y montar peleas en el Blue Moon.
