– Entonces le encantará mi forma de trabajar -se inclinó hacia ella y bajó la voz-. Soy una maniática de las cosa bien hechas. Tendrás que respetarlo.

– No dirás palabrotas en mi presencia, jovencita. No lo tolero.

– De acuerdo. Y tú no serás un incordio.

– Yo nunca soy un incordio.

– ¿Se lo preguntamos a tus allegados?

– No tengo allegados.

Lori se acordó, un poco tarde, de que eso era verdad. Cuando la contrató, Reid le contó que Gloria no tenía amigos y que sus nietos la veían muy rara vez. No era de extrañar que fuera complicada, era una situación descorazonadora.

Lori terminó de hacer la maleta. Había metido un par de camisones, alguna ropa interior, la ropa que llevaba puesta cuando la ingresaron, dos libros y algunos cosméticos. Nada más. Ni flores ni un osito de peluche para que se recuperara, nada personal. Nada de la familia.

Una cosa era que una persona mayor estuviera sola, se dijo Lori enfadándose con los nietos Buchanan, pero le indignaba cuando esa persona tenía una familia numerosa que sólo pensaba en sus asuntos. Lori dejó a un lado los sentimientos y se acercó a la cama.

– Te diré lo que vamos a hacer -tocó levemente el brazo de Gloria-. Le diré a una enfermera que te dé un analgésico fuerte. El viaje te va a zarandear y eso te dolerá. Te pondrá algo bastante fuerte para que te alivie durante un rato.

Gloria entrecerró los ojos y apartó la mano del contacto de Lori.

– No hace falta que me hables como si tuviera ocho años. Puedo entenderlo sin que me des un explicación larga y prolija. Muy bien. Llama a la enfermera. Estará encantada de dar rienda suelta a sus tendencias sadomasoquistas conmigo.

– De acuerdo. Ahora vuelvo.

Lori fue a la sala de enfermeras, donde Vicki ya estaba preparada.

– Estamos preparadas. Si quieres pincharla, luego nos iremos.

Vicki salió de detrás del mostrador.



10 из 216