
– ¿Se ha acostado con mi nieto?
Lori se rió. Quizá lo hubiera echo en sueños, pero no en la vida real. Al fin y al cabo, ni era atractiva ni estaba bien dotada.
– No he tenido tiempo. ¿Es un requisito?
– Ese hombre es incansable -Gloria suspiró-. Si usted tiene vagina, seguramente haya estado dentro.
– No en la mía. Efectivamente, es guapo y superficial. Siempre es lo mismo, ¿no? ¿Ha hecho la maleta?
– Nunca me hago la maleta -respondió Gloria tajantemente-. Además, si lo hiciera, mi estado lo desaconsejaría.
Vaya, el entendimiento se había esfumado. Fue divertido mientras duró.
– No importa. Yo recogeré todo. ¿Tiene maleta? Si no, estoy segura de que podré encontrar algunas bolsas de plástico.
La anciana chirrió de furia.
– No va a meter nada mío en una bolsa de plástico. ¿Sabe quién soy?
Lori le dio la espalda mientras sacaba la maleta del armario que había junto al cuarto de baño. Las cosas se complicarían si Gloria se daba cuenta de que la conversación le parecía divertida.
– Claro. Es Gloria Buchanan. Por cierto, la llamaré Gloria. Señora Buchanan es demasiado serio y vamos tener una relación bastante personal.
– No lo creo. Voy a despedirla.
Lori dejó la maleta en la butaca y la abrió.
– No quieres despedirme, Gloria. Hago muy bien mi trabajo. Tengo experiencia con pacientes del corazón y ortopédicos. Soy suficientemente implacable para obligarte a hacer todo lo que tienes que hacer. Gracias a eso podrás levantarte antes. Te lo diré claramente. Las ancianas que se rompen la cadera solo tiene dos alternativas: o se mueren o se ponen bien. Mis pacientes no se mueren.
Gloria la miró con recelo.
– No eres una persona simpática.
– Tampoco lo eres tú.
– ¿Cómo te atreves? -Gloria se puso tensa-. Soy increíblemente educada y considerada.
– ¿Estás segura? ¿Quieres saber lo que opina el personal de aquí?
– Son un pandilla de ineptos. Aquí todo es de ínfima categoría.
