– Estás demasiado delgada -le explicó sin alterarse-. Hay dos formas de solucionarlo. Puedes comer y recuperar un par de kilos o podemos enchufarte a un tubo para alimentarle. Tengo que avisarte que, según mi experiencia profesional, vas a preferir comer. El tubo es muy desagradable. No obstante, es una posibilidad. Al fin y al cabo, eres rica, ¿no? Sólo tendrás lo mejor.

– Entonces, ¿qué haces aquí?

Lori parpadeó. La capacidad de razonar de Gloria estaba intacta.

– Soy la mejor y muy cara. Deberías tenerlo en cuenta.

Gloria la miró de arriba abajo y olisqueó.

– Eres pobre y miserable. Puedo oler tu pobreza.

– ¿Lo dices por experiencia personal? Al fin y al cabo, saliste de la pobreza. Tu primer trabajo fue de doncella en un hotel, ¿no?

– No voy a hablar contigo de mi pasado -replicó Gloria con indignación.

– ¿Por qué? La verdad es que me interesa saber cómo pasaste de aquello a esto. Dirigías un imperio cuando la mayoría de las mujeres tenía miedo de soñar algo parecido. Eres una precursora y lo admiro.

– ¿Crees que me importa tu opinión? Lori lo pensó un segundo y sonrió.

– Sí. Hay poca gente que te admire, y ellos se lo pierden -Lori volvió a acercar la mesa con la bandeja-. Elegí la comida para los primeros días, pero el servicio de comidas ha dejado un menú. Puedes revisarlo y elegir la comida o, si lo prefieres, contratar a una cocinera.

Gloria no se inmutó, pero a Lori le pareció captar un destello de algo que no supo qué era.

– Te tomas muchas libertades con mi dinero -farfulló Gloria.

Lori se rió aunque sabía que su paciente no había intentado ser graciosa.

– Es uno de los privilegios de mi profesión. ¿Quieres que le corte el pollo?



14 из 216