Gloria la miró con los ojos entrecerrados.

– Sólo si quieres que le clave el tenedor.

– Tengo muchos reflejos. Tendrías que ser muy rápida.

– Podría estar motivada.

Por fin algo parecido al humor. Otra buena señal.

– Muy bien. Te dejaré comer en paz. ¿Quieres ver la television? -le dejo el mando a distancia en la cama-. Llámame si quieres algo.


A las cuatro y media de esa tarde, Lori se sentía como si estuvieran jugando al ratón y al gato. El progreso con Gloria había quedado como un recuerdo lejano cuando la anciana no dejó de quejarse de que la cama era demasiado dura, de que las almohadas eran demasiado blandas, de que las sábanas olían de una forma muy rara y de que la televisión tenía un zumbido.

– Traeré a un electricista lo antes posible.

Lori hizo todo lo posible por mantener la calma y no mirar el reloj. Había sido la tarde más larga de su vida y sólo había pasado media jornada con Gloria. No paraba de decirse que la anciana era infeliz por algún motivo y que todo iría a mejor.

Poco después de las cinco, fue a la cocina y se encontró con una mujer alta, guapa y con grandes pechos que estaba vaciando una bolsa. Su uniforme la identificaba como una enfermera y su físico le dijo claramente quién la había contratado.

– Hola -saludó la mujer con una sonrisa-. Me llamo Sandy Larson, la enfermera del crepúsculo. Normalmente, soy la enfermera de noche. «De servicio en la oscuridad». Vaya, parece al título de un libro o de una película porno -Sandy sonrió-. No sé en cuál de los dos preferiría estar. En un buen día…

Lori hizo un esfuerzo por saludar amablemente a pesar del nudo que tenía en el estómago. ¿Qué le pasaba? Reid había sido coherente con la elección de la otra enfermera. ¿A ella qué le importaba?

– Está cansada y un poco malhumorada, pero no es espantoso -le explicó Lori.

– Puedo manejarla -afirmó Sandy-. Si mi paciente me complica las cosas, empiezo a hablar de mi culebrón favorito. Normalmente, les aburro tanto que se quedan dormidos. Por eso me encanta el turno de noche -se inclinó hacia Lori-. Aunque hay que amar este trabajo. Te pagan doce horas por un turno de ocho.



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