
Cuando llegó a casa de Gloria, Walker estaba esperándolo para ayudarlo a descargar. Luego su hermano se marchó con el todoterreno y su deportivo quedó escondido en el garaje.
– Qué vida tan espantosa -se dijo mientras entraba en la casa.
Empezó a subir la escaleras, pero se quedó parado al ver una rubia que le sonaba de algo y que lo miraba con una sonrisa desde arriba.
– Hola, Reid.
– ¿Qué tal te va?
– Bien -mintió él mientras intentaba recordarla.
– Soy Sandy Larson. Me hiciste una entrevista para contratarme de enfermera de noche -le aclaró ella cuando llegaron al mismo escalón.
Se acordó. Sandy se mostró deseosa de acostarse con su jugador de béisbol favorito y lo pasaron muy bien sobre la enorme mesa de despacho del Downtown Sports Bar.
– He oído decir que vienes a vivir aquí -siguió Sandy.
– Provisionalmente.
– Claro. Lo entiendo -ella le tocó el brazo-. Mira… Lo pasé de maravilla contigo aquella tarde, pero quiero que sepas que ahora estoy con alguien. No va a interesarme repetir la experiencia. No te lo tomes como algo personal. ¿De acuerdo?
– Claro que no -replicó él fingiendo cierto interés.
Le daba igual no acostarse con Sandy, pero no se trataba de eso. Ella debería estar anhelante; él era Reid Buchanan. Sin embargo, tal y cómo había transcurrido el día, tampoco podía extrañarle.
Lori llegó unos minutos antes de que empezara su turno. Dejó la chaqueta y el bolso en el armario del recibidor y se encontró con otra belleza alta y bien dotada en la cocina. Se encontró baja y sin formas, y le sentó fatal. Aunque peor le sentó el motivo. Se negaba a que un mujeriego descerebrado le fastidiara el día.
– Hola -saludó con amabilidad-. Me llamo Lori Johnston.
