—Y si crees que vas a tenerlo lujosamente fácil, para sentirte adecuadamente virtuosa —dijo Miles—, bueno, espera a que salgan de esos replicadores.

Ella se echó a reír.

—¡Buen argumento!

—Bueno —suspiró él—. Quería que este viaje te mostrara las glorias de la galaxia, de la sociedad más elegante y refinada. Parece que en cambio me dirijo hacia lo que sospecho es el estercolero del Sector V, y la compañía de un puñado de mercaderes chillones y frenéticos, burócratas airados y militaristas paranoicos. La vida está llena de sorpresas. ¿Vienes conmigo, mi amor? ¿Por el bien de mi cordura?

Ella entornó los ojos, divertida.

—¿Cómo puedo resistirme a una invitación semejante? Por supuesto que iré —se puso seria—. ¿Violaría la seguridad si enviara un mensaje a Nikki diciéndole que nos retrasaremos?

—En absoluto. Pero envíalo desde la Kestrel. Llegará más rápido.

Ella asintió.

—Nunca había estado tanto tiempo sin él. Me pregunto si se habrá sentido solo.

Nikki se había quedado, por la parte familiar de Ekaterin, con cuatro tías y un tío abuelo más las correspondientes tías, un puñado de primos, un pequeño ejército de amigos y su abuela Vorsoisson. Por parte de Miles, con el extenso personal de la Mansión Vorkosigan y sus extensas familias, el tío Iván y el tío Mark y todo el clan Koudelka como refuerzo. A punto de aparecer estaban sus embobados abuelos adoptivos Vorkosigan, que tenían pensado llegar después de Miles y Ekaterin para la fiesta del nacimiento, pero que ahora podrían hacerlo antes que ellos. Ekaterin tal vez tuviera que adelantarse, si Miles no conseguía resolver aquel lío a tiempo, pero desde luego no podría ser por una definición racional de la palabra «solo».



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