—¿Cómo dice? —Vorpatril se aclaró la garganta.

—Solian era komarrés, señor.

—Ah.

Ah. Los informes no mencionaban este detallito. A los komarreses se les había permitido hacía muy poco acceder al Servicio Imperial de Barrayar; la primera generación de esos oficiales era elegida con sumo cuidado, y hasta la fecha habían demostrado su lealtad y competencia. Los mimados del Emperador, había escuchado Miles decir a un compañero oficial, con claro disgusto. El éxito de esta integración era una prioridad personal de Gregor. El almirante Vorpatril sin duda lo sabía también. Miles subió el misterioso destino de Solian unos cuantos peldaños en su lista mental de prioridades más urgentes.

—¿Cuáles fueron las circunstancias de su desaparición?

—No hubo nada raro, señor —respondió Brun—. Firmó la salida del turno de la manera habitual y nunca volvió a aparecer para la siguiente guardia. Cuando se registró su camarote, faltaban sus efectos personales y su equipaje, aunque quedaban la mayor parte de sus uniformes. No había ningún registro de que hubiera abandonado la nave, pero claro… él sabría mejor que nadie cómo salir sin que nadie lo viera. Por eso lo considero deserción. Registramos la nave a conciencia después de eso. Ha tenido que alterar los registros, o ha escapado con la carga, o algo.

—¿Algún indicio de que no estuviera contento con su trabajo o su puesto?

—No… no, milord. Nada especial.

—¿Algo no especial?

—Bueno, estaban los comentarios habituales de ser komarrés y llevar este uniforme —Brun se señaló a sí mismo—. Supongo que, por su puesto, recibía críticas de ambos bandos.

«Ahora todos intentamos ser un solo bando.»

Miles decidió que aquél no era el momento ni el lugar adecuado para comentar las inconscientes deducciones que implicaban las palabras de Brun.



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