
Gregor sonrió de una manera que hizo que Miles sintiera un escalofrío.
—Para aumentar la gravedad del problema, la flota en cuestión es propiedad de Toscane en un cincuenta por ciento.
La flamante esposa de Gregor, la emperatriz Laisa, era heredera de Toscane y komarresa de nacimiento, un matrimonio político de enorme importancia para la paz de la frágil unión de planetas que era el Imperio. El Emperador continuaba:
—El problema de cómo satisfacer a mis parientes políticos y presentar simultáneamente el aspecto de imparcialidad imperial ante todos sus rivales comerciales komarreses… lo dejo a tu criterio.
La fina sonrisa de Gregor lo decía todo.
—Ya sabes lo que hay que hacer. Te pido y te exijo que, como mi Voz, vayas a la Estación Graf a toda velocidad y con tanta seguridad como sea posible resuelvas esta situación antes de que siga deteriorándose. Libera a todos mis súbditos de las manos de los lugareños y haz que la flota siga su curso. Sin iniciar una guerra, por favor, ni cargarte mi presupuesto imperial.
»Y, ya de paso, averigua quién está mintiendo. Si es el observador de SegImp, es un problema que habrá que pasar a su cadena de mando. Si es el comandante de la flota… que por cierto es el almirante Eugin Vorpatril, entonces tenemos un problema… mucho más problemático.
