O, más bien, mucho más problemático para el enviado de Gregor, la Voz de su Emperador, su Auditor Imperial. Es decir, Miles. Miles reflexionó sobre las interesantes pegas inherentes al intento de arrestar, sin apoyo, lejos de casa, a un oficial al mando arropado por sus hombres, todos viejos conocidos y posiblemente fieles a él hasta la muerte. Y además a un Vorpatril, hijo de un clan de la aristocracia barrayaresa con importantes conexiones políticas con el Consejo de Condes. La tía y el primo de Miles eran Vorpatril. «Oh, gracias, Gregor.»

El Emperador continuó:

—En asuntos bastante más cercanos a Barrayar, algo ha agitado a los cetagandeses cerca de Rho Ceta. No hace falta entrar en detalles, pero agradecería que resolvieras esta crisis del bloqueo lo más rápida y eficazmente que puedas. Si el asunto de Rho Ceta se complica, quiero que estés de vuelta en casa. El lapso de comunicaciones entre Barrayar y el Sector V va a ser demasiado largo para que me tengas vigilándote por encima del hombro, pero algún informe de progresos o de situación ocasional sería un detalle simpático, si no te importa.

La voz de Gregor no cambió al lanzar esta ironía. No hacía falta. Miles bufó.

—Buena suerte —concluyó Gregor. La pantalla del visor se convirtió en una muda imagen del Sello Imperial. Miles extendió la mano y lo desconectó. Podría estudiar los informes detallados cuando estuviera en ruta.

¿Él? ¿O los dos?

Miró el pálido perfil de Ekaterin; ella volvió hacia él sus serios ojos azules.

—¿Quieres venir conmigo o continuar camino a casa?

—¿Puedo ir contigo? —preguntó ella, vacilante.

—¡Claro que puedes! La pregunta es: ¿te gustaría?

Ella alzó las oscuras cejas.

—No es la única pregunta, sin duda. ¿Crees que te serviría de algo o sólo te distraería de tu trabajo?

—Hay una colaboración oficial y una colaboración extraoficial. No apuestes a que lo primero es más importante que lo segundo. ¿Sabes cómo habla la gente contigo para intentar hacerme llegar mensajes de forma indirecta?



7 из 332