
—Oh, sí —los labios de ella se torcieron de disgusto.
—Bueno, sí, me doy cuenta de que es fastidioso, pero eres muy buena sorteándolos, ¿sabes? Por no mencionar la información que se obtiene sólo con estudiar la clase de mentiras que dice la gente. Y, ah… no-mentiras. Puede que algunas personas que no quieran hablar conmigo lo hagan contigo, por un motivo u otro.
Ella aceptó la justeza de sus argumentos con un pequeño gesto de la mano.
—Y… sería un auténtico alivio para mí tener a alguien con quien poder hablar con total libertad.
La sonrisa de ella se torció un poco.
—¿Hablar o desahogarte?
—Yo… ¡ejem!… sospecho que esto va a implicar un montón de lo segundo, sí. ¿Crees que podrás soportarlo? Podría ser una lata, además de aburrido.
—Sabes, sigues diciendo que tu trabajo es aburrido, Miles, pero se te han puesto los ojos brillantes.
Él se aclaró la garganta y se encogió de hombros, sin dar muestras del más mínimo arrepentimiento.
Ella aparcó la diversión y frunció el ceño.
—¿Cuánto tiempo crees que durará esto?
Él repasó los cálculos que sin duda ella había hecho ya. Faltaban seis semanas, día arriba o día abajo, para los nacimientos previstos. Su plan original de viaje los habría devuelto a la Mansión Vorkosigan con un cómodo mes de antelación. El Sector V estaba en dirección contraria a su situación actual respecto a Barrayar, si es que podía decirse que la red de puntos de salto que la gente empleaba para ir de acá para allá tenía alguna dirección. Varios días para llegar a la Estación Graf, más otras dos semanas de viaje al menos para llegar a casa desde allí, incluso en el más rápido de los correos rápidos.
—Si puedo resolver las cosas en menos de dos semanas, podremos llegar a casa a tiempo.
