DeWar estudió el tablero.

—Aja —dijo. Su emperador estaba amenazado, o al menos lo estaría dentro de un movimiento o dos. Perrund emitió un elegante resoplido y DeWar, al levantar la mirada, se encontró con que su oponente se había llevado una mano a la boca y, con las uñas pintadas de oro apoyadas sobre los labios, exhibía una expresión de total inocencia en los grandes ojos.

—¿Qué pasa? —preguntó.

—Ya lo sabéis —dijo él con una sonrisa—. Vais detrás de mi emperador.

—DeWar —dijo ella pestañeando—. Querrás decir que voy detrás de tu Protector.

—Mmmm —dijo él mientras apoyaba los codos en las rodillas y la barbilla en los puños. Oficialmente, el Emperador se llamaba ahora Protector, tras la disolución del viejo Imperio y la caída del último rey de Tassasen. Los juegos de La disputa del monarca que se vendían ahora en Tassasen venían en cajas que proclamaban, para aquellos que supieran leer, que el juego contenido en su interior se llamaba «La disputa del líder» y contenía una serie de piezas revisadas: un protector en lugar del emperador, generales en lugar de reyes, coroneles en lugar de duques y capitanes donde antes hubiera barones. Mucha gente, por miedo al nuevo régimen o simplemente para mostrar su adhesión a él, había tirado las versiones antiguas del juego junto con los retratos del rey. Parecía que solo en el propio palacio de Vorifyr estaba la gente más relajada.

DeWar se concentró unos momentos en estudiar la posición de las piezas. Entonces oyó que Perrund hacía un ruido y al levantar de nuevo la mirada, vio que estaba sacudiendo la cabeza mientras lo observaba con ojos brillantes.



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