
Es posible que, sin la intervención extranjera, el alzamiento hubiera sido enteramente derrotado; pero Hitler y Mussolini enviaron inmediatamente aviones al general Franco, permitiéndole con ello aerotransportar tropas de élite desde la colonia española de Marruecos al continente e iniciar la marcha sobre Madrid. Entre tanto el gobierno británico, dominado por los conservadores, ejerció presión sobre Francia para que negara su ayuda a la República y cerrara la frontera. A consecuencia de ello, la República se vio obligada a solicitar ayuda a la única potencia dispuesta a ayudarla, la Unión Soviética. La zona republicana tuvo que depender de Stalin y sus «asesores», los cuales exportaron su aparato de terror junto con las armas. Todavía pervive en España un mito, fomentado por el régimen de Franco, según el cual el ejército se levantó en armas para impedir un golpe comunista; cuando, en realidad, el Partido Comunista Español antes de 1936 era minúsculo, y la tradición entre republicanos, socialistas y anarquistas, fuertemente antiautoritaria. El ascenso al poder de los comunistas fue una consecuencia directa de la presión británica sobre Francia, con el fin de que ésta se mantuviera al margen del conflicto.
La consiguiente guerra civil duró tres años y devastó España. Unos doscientos cincuenta mil hombres murieron en combate y otros doscientos mil en la campaña de terror llevada a cabo por ambos bandos, muchos de ellos apolíticos con «lealtades sospechosas» que acabaron en el lado equivocado de las líneas.
Cuando terminó la guerra, con la victoria de los nacionales en abril de 1939, no hubo reconciliación sino tan sólo constantes ejecuciones y desapariciones mientras Franco llevaba a efecto la «limpieza» de España. Para la mayoría de los españoles, los años cuarenta fueron una pesadilla casi tan grande como la de los años de la Guerra Civil, pues los efectos de la sequía se agravaron como consecuencia de la destrucción de buena parte de las infraestructuras durante de la guerra, de la política de autosuficiencia económica fascista de Franco y del caótico y corrupto sistema de distribución. El propio Franco soñaba con soluciones tales como gigantescas reservas de oro y manufactura de petróleo a partir de la hierba.
