El solo hecho de llegar hasta aquí desde una de las rutas principales ya supone un gran esfuerzo, pero si además se acarrea durante todo el camino un bulto muy pesado y poco equilibrado desde el punto de vista ergonómico… No hay marcas de ruedas, ni de cascos, ni de que se haya arrastrado algo. Y el secuestrador no tuvo que cargar solamente con el cuerpo de un hombre de estatura superior a la media. También tuvo que traer la cabeza.

Metcalf se vio obligado a admitir que no había prestado mucha atención a la cuestión del traslado del cuerpo y de la cabeza cercenada.

– Comprendo lo que quiere decir. Debe de ser un toro y tener mucha suerte, si no se cayó y se partió el cuello por el camino.

Ella asintió.

– Este terreno es muy traicionero. Sabemos que se encontró rocío debajo del cuerpo, de modo que tuvo que traerlo de noche o bien por la mañana, muy temprano. Debía de llevar también una linterna.

Jordan añadió:

– De noche o por la mañana temprano; trajo el cuerpo cuando era menos probable que lo vieran. Fue cuidadoso. Muy cuidadoso.

– Puede que sólo tuviera suerte -le dijo Avery a su compañero.

Jordan frunció el ceño.

– No creo -dijo-. La pauta es demasiado clara, demasiado marcada. Todas las víctimas fueron secuestradas en un momento del día en que era muy probable que estuvieran solas; las tres fueron retenidas entre cuarenta y ocho y setenta y dos horas antes de morir; y, según las pruebas forenses, las tres fueron asesinadas después de que se pagara el rescate. En todos los casos, la llamada pidiendo el rescate se produjo un jueves, para dar tiempo a la familia a reunir el dinero y asegurarse de que los bancos, como era final de semana y tenían que pagar salarios, disponían de suficiente liquidez. Nunca ha pedido demasiado, sólo el límite máximo que los familiares podían conseguir. Planeó cada paso y mantuvo vivas a las víctimas, sin perder en ningún momento el control, hasta que tuvo el dinero en sus manos.



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