
– No dejó un número.
– ¿No lo tienes? Sonaba como si pensara que lo tienes. ¿Es un pariente? ¿Un viejo amigo?
– Esteee… un primo segundo.
– Así que mi huérfana misteriosa tiene familia. Algún día tendré que conocer a este primo.
– No querrías conocerlo, te lo aseguro.
Rió.
– Sería justo. Yo te impuse mi familia. Ahora puedes tomarte tu venganza. La fiesta de Betsy te dará motivo para ir en busca de tus primos locos, encerrados desde hace años en algún altillo. Aunque en realidad los primos locos que viven en altillos son los más interesantes. Mejores que las tías abuelas que te cuentan la misma historia desde que eras chico y se duermen a la hora del postre.
Hice un gesto de exasperada solidaridad.
– ¿Estás listo para salir?
– Termino mi ducha. ¿Y si llamas a informaciones?
– ¿Y que me cobren, consigan o no el número?
– Cuesta menos de un dólar. Podemos darnos el lujo. Llama. Si no encuentras su número, quizás haya otra persona que lo tenga. Seguro que hay más primos de éstos, ¿verdad?
– ¿Crees que tienen servicio de mensajería en esos altillos? Tienen suerte si les dan luz.
– Llama Elena -gruñó, aunque era en broma, y volvió al baño. Cuando se fue del cuarto, me quedé mirando el teléfono. Philip podía haber bromeado, pero yo sabía que él esperaba que le contestara el llamado a Jeremy. ¿Y por qué no? Era lo que haría cualquier ser humano decente. Philip había escuchado el mensaje, escuchó el tono urgido en la voz de Jeremy. Si me negaba a contestar lo que parecía una llamada muy importante daría la impresión de ser insensible. Un humano llamaría. La clase de mujer que yo quería ser llamaría.
Podía hacer de cuenta que llamaba. Era tentador, pero no evitaría que Jeremy llamara una y otra vez. No era la primera vez que intentaba comunicarse conmigo en los últimos días. Podía hacer de cuenta que llamaba. Los licántropos tienen cierto grado de comunicación telepática entre si.
