
Bob le interrumpió.
– Morton Diskant. Está igualado con Tom Bethune para la concejalía del Distrito Quinto y lleva semanas metiéndose conmigo. Ya sabes: que si sólo he sido fiscal durante cinco años, que si me aproveché fraudulentamente cuando Ellis Loew dimitió de la Fiscalía del Distrito. He oído que tiene amistad con Welles Noonan, quien podría estar en mi carnet de baile el año sesenta. Y Bethune es de los nuestros. Están muy a la par. Diskant anda diciendo que Bethune y yo somos unos derechistas cerriles, y el distrito tiene un veinticinco por ciento de negros, muchos de ellos registrados como votantes. Sigue desde ahí.
Van Meter tomó de nuevo la palabra.
– Diskant ha estado agitando el asunto de Chavez Ravine; algo así como «Votadme para que vuestros hermanos mexicanos no sean expulsados de su barrio de chabolas para dejar sitio a un estadio de béisbol para las clases acomodadas». El Consejo está cinco a cuatro a favor nuestro y tomará una decisión definitiva hacia noviembre, después de la elección. Bethune ocupa el cargo interinamente, como Bob, y si pierde tiene que dejarlo antes de que se tome la decisión. Si Diskant consigue el puesto, hay empate. Y todos nosotros somos hombres blancos civilizados que sabemos que los Dodgers son buenos para los negocios, de modo que manos a la obra.
Exley, sonriente:
– Conocí a Bob en el cincuenta y tres, cuando era sargento en la oficina de la Fiscalía. Aquel mismo día, dejó la abogacía y se registró como republicano. Ahora, los popes nos dicen que sólo le tendremos dos años como fiscal del Distrito. En el sesenta, Fiscal General; ¿qué vendrá luego? ¿Te quedarás en gobernador?
Un coro de risas. Van Meter:
– Yo conocí a Bob cuando él era patrullero y yo, sargento. Ahora somos «Walt» y «señor Gallaudet».
– Sigo siendo «Bob». Y tú solías llamarme «hijo».
