Un rumor: hemos oído que la protagonista de la película de Mickey mandó al magnate sobatetas a tomar viento de sus propias hélices. Por lo visto, rompió uno de esos contratos de Hughes y acabó sirviendo comidas por las ventanillas de los coches hasta que Mickey se materializó en el autorrestaurante Scrivner's muriéndose por un chocolate malteado.

¿Te ha impresionado la chica, Mickster?

Y a ti, Howard, ¿te ha dejado roto el corazón?

«La cabalgata de Hollywood» cambia ahora de tema con una carta abierta al LAPD, Departamento de Policía de Los Angeles:

Querido LAPD:

Recientemente, tres indigentes alcohólicos han sido encontrados en casas abandonadas de la zona de Hollywood, estrangulados y mutilados. Muy confidencial (como siempre en Hush-Hush): hemos oído que el asesino, aún en libertad, les rajó la tráquea después de matarlos, empleando una fuerza extraordinaria. La prensa ha prestado escasa atención a estas muertes atroces; sólo el sensacionalista L. A. Mirror parece preocupado de que tres ciudadanos de Los Angeles hayan tenido un final tan desagradable y asqueroso. La sección de Homicidios del LAPD no ha recibido orden de investigar y sólo se ocupan del caso dos detectives de la sección de Hollywood. Jazzeros y jazzeras míos, es el pedigrí de las víctimas lo que determina la intensidad de la investigación. Y si tres ciudadanos de poca monta han sido estrangulados por un psicópata rompecuellos, el jefe de Detectives del LAPD, Edmund J. Exley, no va a perder el tiempo organizando una investigación a gran escala. A menudo es preciso dar con un nombre pegadizo para que el público tome conciencia de algún oscuro asunto criminal y exija justicia. Por ello, Hush-Hush bautiza aquí a ese asesino anónimo «el Diablo de la Botella», y eleva su exigencia al LAPD para que le encuentre y le consiga una cita en firme con la sala verde de San Quintín. Allí cocinan con gas y este asesino merece una cocina de cuatro quemadores.



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