
Estad atentos a futuras novedades sobre el Diablo de la Botella y recordad que la primera noticia que tuvisteis acerca del asunto la leísteis aquí: confidencialmente, en total secreto y muy Hush-Hush.
I UNA VIDA CONVENCIONAL

***

1
El trabajo: una redada en una casa de apuestas, dejar que se inmiscuya la prensa: un poco de tinta para competir con la investigación del boxeo.
Un marica que sudaba una denuncia por sodomía se chivó: catorce teléfonos, un telégrafo. La nota de Exley decía: utilizar alguna fuerza, exprimir a los testigos del hotel más tarde; descubrir qué habían planeado los federales.
En persona: «Si las cosas se tuercen, no permita que los reporteros tomen fotos. Es usted abogado, teniente. Recuerde que a Bob Gallaudet los casos le gustan claros.»
Odio a Exley.
Exley cree que compré el título de Derecho con dinero de sobornos. Le pedí cuatro hombres, armas, y a Junior Stemmons de segundo.
Exley: «Chaqueta y corbata; esto saldrá en televisión. Y nada de balas perdidas: recuerde que trabaja para mí, no para Mickey Cohen.»
Algún día le meteré una lista de sobornos por la garganta.
Junior preparó el asunto. Perfecto: una calle del barrio negro, acordonada; agentes de uniforme guardando el callejón. Periodistas, coches patrulla, cuatro hombres con chaqueta y corbata empuñando hierros del calibre doce.
El sargento George Stemmons, Jr., dando unas rápidas chupadas al cigarrillo.
Alboroto: reunión de holgazanes desocupados, vigilantes ojos de vudú. Mis ojos en el objetivo -cortinas cerradas, el camino de la casa lleno de coches- calculan que hay un buen puñado de gente haciendo apuestas en el interior. Una choza inexpugnable; con la puerta de plancha de acero, supongo.
