

Christine Feehan
Juego del Depredador
6° Libro de la Serie Caminantes Fantasmas
PRÓLOGO
Las luces de los automóviles que venían en sentido contrario le dañaban los ojos y parecían penetrar directamente su cráneo, punzándole el cerebro hasta casi hacerlo gritar. Sintonizó rápidamente la emisora, hasta que la suave y sexy voz de la Sirena Nocturna inundó el coche. Era una grabación, pero igual le ayudaba. Su visión se agudizó, para que todo se tornara irreal. Los edificios destellaban, los coches aparecían como relámpagos en lugar de materia sólida.
– ¿Hacia dónde vamos?
Se sobresaltó. Por un momento se había olvidado que no estaba solo. Lanzando una mirada impaciente a la prostituta sentada a su lado, sintió una terrible palpitación en la cabeza, justo cuando empezaba a aliviarse, volvía. En la oscuridad ella se parecía un poco a la mujer que necesitaba. Si mantenía la boca cerrada, podría fingir. Tentado de decirle que ella pronto iría al infierno, en lugar de eso forzó una ligera sonrisa.
– ¿Te pagué, no es así? ¿Qué diferencia hay si conducimos un rato más?
Ella se inclinó hacia delante y jugueteó con la radio.
Él le golpeó la mano.
– No toques nada -tenía la emisora sintonizada donde él quería, más bien, donde necesitaba. La voz de la Sirena Nocturna se desplazaba por las ondas, haciendo estremecer su cuerpo y logrando despejar su mente. La mujer no duraría la hora si osaba tocar nuevamente el dial de la radio.
Mantuvo la vista en el coche que seguía. Sabía lo que tenía que hacer. Él tenía un trabajo y era condenadamente bueno en ello. La puta era una buena pantalla, y le daba una anticipación semejante al placer que vendría más tarde.
