
Michael acompañó a sus dos hijos hasta la nursería, donde una vez más le pidieron que esperara en el pasillo. El orgulloso padre apretó la nariz contra el cristal que separaba el pasillo de las hileras de cunas y miró a los bebés que dormían, mientras deseaba decirles a todos los que pasaban: «Los dos son míos». Le sonrió a la enfermera que se encontraba junto a las cunas, atenta a las nuevas llegadas. En ese momento, les estaba colocando las pulseras de identificación en sus diminutas muñecas.
Michael era incapaz de recordar el tiempo que había estado allí antes de volver junto al lecho de su esposa. Cuando abrió la puerta, le complació ver que Susan dormía profundamente. La besó con mucho cariño en la frente. «Amor mío, te veré mañana por la mañana, antes de ir al trabajo», le dijo, sin importarle el hecho de que ella no podía escucharle. Michael salió de la habitación y caminó por el pasillo hasta el ascensor, donde se encontró con el doctor Greenwood, que se había quitado la bata verde y vestía una americana y pantalón grises.
– No sabe lo mucho que desearía que todos los partos fueran tan sencillos -le comentó al orgulloso padre cuando el ascensor llegó a la planta baja-. En cualquier caso, señor Cartwright, vendré a última hora para ver cómo están su esposa y los mellizos. No es que espere ninguna complicación.
– Muchas gracias, doctor -contestó Michael-. Muchas gracias.
El doctor Greenwood sonrió, y ya se disponía a salir del hospital para regresar a su casa cuando vio entrar a una señora muy elegante. Se apresuró a cruzar el vestíbulo para ir al encuentro de Ruth Davenport.
Michael Cartwright miró atrás y vio al médico que mantenía abierta la puerta del ascensor para que entraran dos mujeres, una de ellas en un estado de gestación muy avanzado. Una expresión de ansiedad había reemplazado a la cordial sonrisa del doctor Greenwood. Michael rogó que la nueva paciente del médico tuviese un parto tan sencillo como el de Susan. Caminó hasta su coche con una sonrisa de oreja a oreja, mientras intentaba pensar en las cosas que debía hacer.
