– ¿Y eso qué significa? -quiso saber Susan.

– Es un nombre rimbombante para un vendedor de seguros -le informó Michael-. Pero incluye un pequeño aumento de sueldo, cosa que nos vendrá de perlas ahora que tendremos que alimentar a dos bocas más.

Después de que Susan se instalara en su habitación, el doctor Greenwood le pidió a Michael que esperara fuera durante el parto, dado que cuando se trataba de mellizos podía surgir alguna complicación.

Michael se entretuvo en caminar por el largo pasillo. Cada vez que llegaba al retrato de Josiah Preston colgado en la pared del fondo, se volvía y vuelta a empezar. En los primeros recorridos, Michael no se detuvo a leer la larga biografía impresa debajo del retrato del fundador del hospital. Para el momento en que el doctor apareció por las puertas batientes, Michael se sabía de pe a pa toda la historia del hombre.

La figura vestida de verde caminó lentamente hacia él antes de quitarse la mascarilla. Michael intentó adivinar la expresión en su rostro. En su trabajo era una ventaja ser capaz de descifrar las expresiones y adivinar los pensamientos, porque cuando se trataba de vender seguros de vida tenías que anticiparte a cualquier duda que pudiera tener el posible cliente. Sin embargo, en el caso de esta póliza de seguro de vida, el rostro del médico no daba información alguna. Cuando se encontraron cara a cara, el médico sonrió y le dijo:

– Mis felicitaciones, señor Cartwright. Es usted padre de dos hijos sanos.

Susan había dado a luz a dos varones, Nathaniel a las 16.37 y Peter a las 16.43. Durante la hora siguiente, los padres se turnaron para mimarlos, hasta que el doctor Greenwood indicó que la madre y los bebés sin duda necesitaban descansar.

– Amamantar a dos niños ya será bastante agotador. Ahora los enviaré a la nursería para que pasen la noche allí -añadió el médico-. No se trata de nada especial, porque es algo que siempre hacemos cuando son mellizos.



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