
Kadan nunca expresaba sorpresa. Nadie estaba realmente seguro de si sentía emociones después de todo. Parecía una máquina, de hecho, simplemente hacía su trabajo. Y era bueno en ello. Entendido.
Ken se colocó en su posición. La vida de Kadan dependería de él. Jack mantendría al senador vivo. Si Violet hacía un movimiento contra Kadan, era mujer muerta. Se mantuvo concentrado en su objetivo principal. Kadan se movió a través de las sombras. Era casi imposible verle. Un borde borroso a veces, una percepción de movimiento, sólo porque Ken sabía donde iba a estar. Habían revisado su ruta varias veces. Ken lo mantuvo claro, barriendo el área circundante con la conciencia aumentada.
Una cuadrilla de asesinos estaba moviéndose por el lugar, y tratarían de reducir cualquier número contra ellos. Neil Campbell y Trace Aikens eran imposibles de localizar, pero estaban allí. Martin Howard había retrocedido para ayudar a Kadan a asegurar al senador.
Kandan alcanzó el porche, moviéndose por delante de los ciervos muertos que se balanceaban, para entrar en la cabaña. Hablo brevemente con Violet y ambos se apresuraron a la habitación del senador, empujándole de vuelta a la cocina donde estaba la “habitación segura”. El cuarto incombustible estaba debajo del suelo principal.
Los ciervos muertos que se balanceaban macabramente llamaron la atención de Ken de nuevo. La sangre goteaba. La brisa de la noche traía el olor. Se tragó la bilis, limpió las gotas de sudor de la frente, y puso de nuevo el ojo en la mira. Algo sobre los ciervos le molestaba, no lo dejaría ir. Una sombra parecía crecer en el lado opuesto de los ciervos, emergiendo en la parte superior cerca del gancho de carne.
Ken apretó el gatillo y la sombra cayo con un fuerte ruido sordo, un brazo se estiró como si suplicase. Incluso mientras Ken disparaba, el arma de Jack sonó, y un segundo cuerpo cayó simultáneamente, en el lado más lejano del tejado.
